Vivimos en un mundo que se mueve a mil por hora, donde las notificaciones no paran y las pantallas parecen ser una extensión de nuestras vidas. La presión por ser productivos ha alcanzado niveles agotadores. Muchos estudiantes resoplan por los pasillos de la RUS, agobiados por la acumulación de tareas. Estudiar, concentrarse y avanzar en el aprendizaje puede parecer cada vez más difícil, sobre todo en un entorno repleto de distracciones.
Pero en medio de este frenesí, hay algo claro: para avanzar de verdad, muchas veces hay que frenar. Desacelerar no es un signo de debilidad, sino una estrategia clave para mejorar la productividad, especialmente en el estudio. A lo largo de este artículo, reflexionaremos sobre cómo bajar el ritmo puede ser la clave no solo para mejorar tu rendimiento, sino también tu bienestar general.
El Problema de la Sobrecarga de Estímulos
Hoy en día, estamos sometidos a un bombardeo de información constante: redes sociales, mensajes, aplicaciones… Cada día, una persona promedio procesa entre 6,000 y 10,000 imágenes. Este nivel de sobrecarga es abrumador para el cerebro, y más si lo comparamos con épocas anteriores, como la Edad Media, cuando alguien podía ver esa cantidad de imágenes en toda su vida. Intentar estudiar mientras saltamos de pantalla en pantalla no solo divide nuestra atención, sino que entrena al cerebro para distraerse con facilidad. El resultado es que no logramos avanzar como deberíamos, a pesar de estar más tiempo frente a los libros.
El poder de la concentración
Una de las primeras acciones para mejorar nuestra productividad es entrenar la concentración. No se trata de eliminar todas las distracciones, algo imposible, sino de aprender a gestionarlas. ¿Cómo podemos hacerlo?
- Establece bloques de tiempo sin interrupciones: Una técnica que ha demostrado ser eficaz es la del “pomodoro”. Se trata de estudiar durante 25 minutos intensos sin ninguna distracción, seguido de un descanso corto de 5 minutos. Repite este ciclo 4 veces y luego toma un descanso más largo de 15-30 minutos. La clave es comprometerse a esos 25 minutos de máxima concentración.
- Apaga notificaciones: Puede parecer una tontería, pero el simple acto de poner el móvil en modo avión o «No molestar» durante tus sesiones de estudio puede marcar una inmensa diferencia. Sin esas interrupciones constantes, tu mente se puede sumergir en el material sin distracciones externas e interiorizar mucho mejor los conceptos.
- Practica el mindfulness: Antes de sentarte a estudiar, dedica 5 minutos a respirar profundamente y a centrarte en el momento presente. La meditación, aunque sea corta, te ayudará a calmar tu mente y estar más receptivo a la información que estás por aprender.
«Menos es Más»
Imagina que tienes tres materias por estudiar. En lugar de intentar cubrirlas todas en un día, concéntrate en una sola por sesión, profundizando en los conceptos clave. Estudiar menos horas con más foco puede ser más efectivo que pasar todo el día saltando de un tema a otro sin asimilar bien la información
¿Cómo aplicar el “menos es más” en tu rutina de estudio?
- Establece prioridades claras: No todos los temas tienen la misma relevancia o urgencia. Empieza el día o la semana revisando qué es lo más importante y qué puedes dejar para más tarde. Prioriza las tareas clave y deja el resto para cuando tengas más tiempo o energía.
- Enfócate en lo esencial: En lugar de sobrecargarte de información, elige los conceptos clave que realmente necesitas dominar. Estudiar a fondo una idea importante será más beneficioso que tratar de memorizar superficialmente muchas cosas.
- Deja tiempo para procesar: Una de las razones por las que la sobrecarga de información es tan dañina es que no deja espacio para que tu cerebro procese y retenga lo aprendido. Después de cada sesión de estudio, date un tiempo para revisar mentalmente lo que has aprendido y permitir que se asiente.
El Descanso y el ejercicio como clave de la productividad
La productividad no es solo mental, el cuerpo también juega un papel crucial. Para avanzar, necesitamos descansar y movernos. Estar sentado durante horas frente a los libros o la pantalla no solo agota la mente, sino también el cuerpo. El cerebro necesita pausas para procesar la información, ordenar los pensamientos y, finalmente, ser más eficiente. Un paseo por el barrio o tomar aire fresco en el entorno de la residencia te ayudará a recargar energías y a concentrarte mejor.
El ejercicio es también uno de los mejores aliados para quienes buscan ser más productivos. Numerosos estudios han demostrado que el ejercicio moderado mejora la memoria, la concentración y reduce el estrés. No necesitas entrenamientos largos o extenuantes: una caminata rápida, algunos estiramientos o una breve sesión de yoga pueden hacer una gran diferencia.
Duerme lo suficiente
El descanso es uno de los factores más subestimados cuando hablamos de productividad, pero su impacto es profundo. Una buena noche de sueño reparador es insustituible: dormir menos de lo necesario puede reducir la concentración hasta un 30% y afectar negativamente tanto la memoria a corto como a largo plazo. Además, la falta de sueño compromete la toma de decisiones, haciéndonos más propensos a cometer errores y afectando nuestro bienestar emocional. Diversos estudios han demostrado que dormir entre 7 y 9 horas por noche no solo mejora la retención de información, sino que también facilita la consolidación del aprendizaje y optimiza la resolución de problemas complejos, lo cual es crucial para un buen rendimiento académico.
En definitiva, el equilibrio es la clave. Al aprender a desacelerar, te permites avanzar con más enfoque, energía y claridad mental. En la RUS, promovemos el equilibrio entre estudio y bienestar. Sabemos que para ser productivos, no es necesario estar ocupados todo el tiempo. A veces, lo mejor que puedes hacer es frenar, respirar y recargar energías. Porque cuando aprendemos a desacelerar, es cuando realmente empezamos a avanzar.




