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Cómo afrontar los exámenes universitarios sin llegar al límite

Son las 22h de un miércoles de mayo. Llevas cinco horas en la sala de estudio. Has leído el mismo párrafo cuatro veces y no recuerdas nada de lo que dice. Tienes la sensación de que no avanzas, de que el tiempo se escapa y de que las demás personas de tu alrededor llevan estudiado el doble de temario que tú. 

Que levante la mano quien no haya pasado por ahí en algún momento…

Cuando todo el mundo parece ir más adelantado que tú

En época de exámenes es fácil caer en la comparación. Tu compi se sabe el temario al dedillo y tú aún no le has dado ni el primer repaso, otra persona lleva más horas que tú y ha avanzado el doble, y tú sigues en el mismo punto desde esta mañana. El cerebro en modo presión no filtra bien y lo compara todo.

Vivir en una residencia universitaria tiene un efecto corrector sobre eso. Compartir el día a día con gente que está en lo mismo ayuda, y mucho. Cuando ves de cerca que la persona que tienes al lado también se queda atascada, también tiene tardes malas y también sale a tomar el aire porque ya no puede más, la presión deja de parecer un problema tuyo. Pasa a ser lo que es, algo que tiene fecha de caducidad y que en esta época le pasa a todo el mundo.

Las horas no son lo que crees

Medir el esfuerzo en horas es una trampa en la que es fácil caer durante los exámenes. Cuántas llevas, cuántas te quedan, cuántas debería llevar según lo que falta. Y cuando las horas se acumulan sin que la cabeza rinda, la conclusión suele ser la misma: no llego, he de estudiar más.

El problema es que la saturación mental no se resuelve añadiendo más horas. Más bien al contrario. A partir de cierto punto, el cerebro deja de consolidar información de forma eficiente. Sigues leyendo, sigues subrayando, pero lo que entra ya no se queda.

Reconocer ese momento y parar cuando llega es más útil que insistir. En la RUS eso tiene una ventaja concreta: las salas de estudio están abiertas las 24 horas. Si a las diez de la noche has llegado a tu límite, puedes parar, descansar y volver a las siete de la mañana con otra energía. No tienes que forzar porque el tiempo se acabe.

Cortar el ciclo de verdad

El problema con las pausas durante los exámenes es que muchas veces no son pausas de verdad. Se cambia el apunte por el móvil, el móvil por una serie con el portátil encima, y al cabo de media hora se vuelve al estudio con el mismo nivel de saturación que antes.

En la RUS eso es fácil sin tener que organizar nada. Bajar a la sala de ocio y jugar una partida de billar o futbolín, desfogarse en el GYMRUS, tomar un café o salir a dar una vuelta por el parque de Collserola, que está a cinco minutos, te ayuda a volver con la cabeza más ordenada de lo que estaba. 

No hace falta que sea largo. Media hora de desconexión real vale más que dos horas de estudio con la cabeza en otro sitio. Y cuando el entorno te lo pone fácil, acaba pasando de forma natural, sin tener que decidirlo cada vez.

Lo que no tienes que gestionar (y se nota)

Vivir los exámenes en la RUS tiene también una ventaja práctica. La logística del día a día ya está resuelta: el comedor mantiene el ritmo cuando todo lo demás se desordena, con opción de guardar la cena o pedir un picnic si la jornada se alarga. La habitación está limpia sin que tengas que ocuparte. El wifi aguanta.

Cuando la cabeza ya tiene suficiente con gestionar el estrés del examen, no tener que gestionar nada más se nota. Y saber que la persona que tienes al lado también lleva un día difícil y también va a bajar a cenar aunque solo sea para cortar un rato, sostiene más de lo que parece.

Llegar al examen en condiciones de rendir

El objetivo de las semanas de estudio es llegar al día del examen con la cabeza funcionando sin morir en el intento.

En la RUS, buena parte de las condiciones para conseguirlo ya están resueltas: comes bien, duermes en un sitio tranquilo, tienes donde estudiar a cualquier hora y gente alrededor que entiende el ritmo. Lo que entra en el examen no es solo lo que has estudiado. También es cómo has llevado las semanas previas.

Eso no lo cambia ninguna técnica de estudio, lo hace el entorno en el que vives mientras estudias. Los exámenes de mayo tienen fecha de fin. Que sea una buena.

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